viernes, 14 de noviembre de 2008

Nuestros hijos

Nuestro Señor nos regala la posibilidad de ser padres y nos da una inmensa responsabilidad, entre más son, más grande la responsabilidad. Pero ¡que hermoso! es verlos cuando recién nacen y se encuentran con un nuevo mundo que los recibe de mil formas, pero con un gran amor por ser lo más esperado. verlos cuando hacen sus primeras gracias, cuando te regalan una sonrisa, cuando te hacen llorar de alegría o de tristeza, esos locos bajitos que son nuestro cable a tierra y que nos estremecen de tanto amarlos. Nuestros hijos que a pesar del tiempo, son nuestros pequeñitos indefensos. Aquellos a los cuales si les va a pasar algo malo, nos ponemos como escudos vivientes para que a ellos no les pase nada. Nuestros hijos que por cada alegría celebramos a Dios y por cada tristeza nos apoyamos en Dios.
Y a medida que van creciendo nos complace más verlos y reconocer que son parte nuestra, que cuando se rie se parece más a su papá o visceversa, que cuando toma es lápiz lo hace igual que su mamá. Tratamos siempre de confirmar en sus actos y en sus reacciones que ese pequeño es nuestra descendencia y que en él estan todas nuestras cargas genéticas tan claras que no hay duda es nuestro pequeño, que en cada cosa que hace nos recuerda a nuestra propia infancia.
Ese pequeño del que esperamos todo, pero sobre todo que sea una buena persona, que valore y ame a su prójimo tanto como se ama a sí mismo. Aquel niño que cuando llegue a ser adulto nos considere de su propiedad afectiva y no como un bache en su camino. Aquella persona que aporte a la humanidad buenos propositos para la construcción del Reino de Dios.
Ese es nuestro deseo y espero que el de muchas personas más, para cambiar el pensamiento egoista imperante en la actualidad.

¡Gracias, Señor, por nuestros hijos!

jueves, 23 de octubre de 2008

Pablo converso a Cristo.

Después de una semana de haber asistido a un retiro espiritual en silencio en el cual el tema central fue San Pablo, puedo decir que para Pablo no fue fácil mirar hacia atrás. Mirar todo lo que hizo para acallar a los seguidores de un tal Jesús que cambio la vida de muchos y que les enseño que hay que amar a todos e incluso a los enemigos, ¡Impensable!, pero que se adhirieron a este nuevo sistema de vida.
Pablo fue tirado del caballo, con fuerza, con dolor, pero mucho amor de Cristo que lo quería para él, que fuera un emisario creíble y real para todos esos pueblos que también no lo conocieron y que en Pablo verían a Cristo mismo. Esto es lo que quiere Cristo de cada uno de nosotros, sus seguidores, que nos convirtamos a Él, que cuando nos vean sea a Cristo a quien ven.
La caída no lo fue todo, sino el haber perdido la visión para tener una nueva mirada de todas las cosas y de todas las personas como hijos y hermanos en Cristo. El dejar de ver es muy significativo, pues cuántos de nosotros vivimos como ciegos sin quitarnos el velo del egóísmo, de la envidia, de el despotismo, de la crueldad, de tantas cosas que nos alejan de Cristo para vivir endiosados en nostros mismos. Descubrir que podemos llegar a ver más allá de lo tangible, es lo que hizo en Pablo un seguidor fiel y entregado a Cristo quien dijo: "...ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí".
¡Que ganas de tener esa convicción de Pablo! de que Cristo sea quien viva en mí y no este como ciega por la vida.
¡Que Cristo reine en nosotros!

jueves, 25 de septiembre de 2008

"Este es mi hijo amado, en él me complazco"

Cada vez que recuerdo estas palabras que nos pidio el Padre Raúl Espina, un gran amigo, que le dijeramos a nuestro querido Tomasito que tenía sólo 2 meses y algunos días en el día de su bautismo puedo reafirmar que el amor a los hijos es impresionantemente grande, incalculable. Porque ahora que tiene 10 añitos, lo sigo viento como a mi pequeñito, nuestro pedacito de cielo, el regalo de nuestro Señor y doy gracias infinitas por él.
Para nosostros como católicos practicantes, es de suma importancias los sacramentos y de la posibilidad de recibir con ellos las gracias de nuestro Señor. El bautismo es el primer paso para comenzar el camino de fe y por esa razón es importante que los padres, que siempre quieren lo mejor para sus hijos, asuman que el sacramento es la posibilidad de darle lo mejor a ellos y de motivarlos durante su vida a ser cercanos a Dios, a relacionarse con Él a amarlo por sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismos. Entonces es importante que ellos se amen también, que descubran que son capaces de hacer muchas cosas para ellos y para los demás. Que el camino al cielo comienza con este sacramento y incentivarlos a recibir los demás por el transcurso de sus vidas.
Cuando Tomás tenía 8 años nos pidió que lo inscribieramos para prepararse para la Primera Comunión, petición que nos emocionó ya que nació de él. Lo felicitamos y lo inscribimos, fueron dos años hemosos que culminó con su sacramento que fue coronado con el momento mismo de la comunión. Nos emocionamos hasta las lagrimas porque nuestro pequeñito ya recibía el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor, y lo más hermoso es que el tenía la convicción de que así era. Como siempre lo hemos hecho seguimos llendo a Misa y nos seguimos emocionando al ver a nuestro hijo comulgar, hecho que nos complace y seguimos repitiendo ¡Este es nuestro hijo amado en él nos complacemos!