jueves, 23 de octubre de 2008

Pablo converso a Cristo.

Después de una semana de haber asistido a un retiro espiritual en silencio en el cual el tema central fue San Pablo, puedo decir que para Pablo no fue fácil mirar hacia atrás. Mirar todo lo que hizo para acallar a los seguidores de un tal Jesús que cambio la vida de muchos y que les enseño que hay que amar a todos e incluso a los enemigos, ¡Impensable!, pero que se adhirieron a este nuevo sistema de vida.
Pablo fue tirado del caballo, con fuerza, con dolor, pero mucho amor de Cristo que lo quería para él, que fuera un emisario creíble y real para todos esos pueblos que también no lo conocieron y que en Pablo verían a Cristo mismo. Esto es lo que quiere Cristo de cada uno de nosotros, sus seguidores, que nos convirtamos a Él, que cuando nos vean sea a Cristo a quien ven.
La caída no lo fue todo, sino el haber perdido la visión para tener una nueva mirada de todas las cosas y de todas las personas como hijos y hermanos en Cristo. El dejar de ver es muy significativo, pues cuántos de nosotros vivimos como ciegos sin quitarnos el velo del egóísmo, de la envidia, de el despotismo, de la crueldad, de tantas cosas que nos alejan de Cristo para vivir endiosados en nostros mismos. Descubrir que podemos llegar a ver más allá de lo tangible, es lo que hizo en Pablo un seguidor fiel y entregado a Cristo quien dijo: "...ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí".
¡Que ganas de tener esa convicción de Pablo! de que Cristo sea quien viva en mí y no este como ciega por la vida.
¡Que Cristo reine en nosotros!